El desafío de los turistas en la era del globalismo desacelerado

Monterrey, México.

Hay un grupo de personas que están pasándola muy difícil debido a la situación caótica por la que se está atravesando: los influencers viajeros. Muchos de ellos llenaban sus redes sociales de fotos, aventuras, restaurantes, aviones y comidas regionales. Hoy la industria está casi detenida y la labor de continuar viajando se ha vuelto de cierta forma un reto peligroso. El sueño de cualquier generación, en especial de los Millennials, es viajar por el mundo. ¿Estamos ante una nueva forma de viajar y experimentar culturas diferentes?.

La experiencia de un viaje de ensueño comienza desde visitar el sitio web del lugar que se desea conocer, armar una estrategia de ganar millas, conocer qué beneficios se pueden aprovechar pagando con algunas tarjetas de crédito que incluyen seguros, descuentos o ascensos de categoría en aviones y hoteles. Después escoger cual es la aerolínea que mejor se adapta a los destinos que se desean alcanzar. Existen dos grandes grupos de aerolíneas Skyteam (Mi favorita debido a que solo vuelo por Aeroméxico) y Star Alliance.

En materia de hoteles existen muchas opciones para ganar noches, ya sea gracias a tarjetas de puntos o siguiendo una estrategia de negocios y optar por una sola cadena para concentrar los premios. Obtener niveles plata, oro o platino en hoteles se traduce en grandes beneficios como Wifi gratis, late check out, desayuno incluido, regalos de bienvenida o paseos turísticos. A veces con el solo hecho de no tener que hacer fila para registrarse es suficiente para elegir una cadena de hoteles sobre otra.

Para comer siempre hay que checar Travelocity ya que los lugares locales son mejores que los turísticos. En todas las ciudades de México en las que he vivido las mejores experiencias gastronómicas las he tenido en lugares que no son para turistas. Voy a atreverme a hacer una fuerte declaración: el mejor lugar para comer en el mundo es la Ciudad de México. Pero cada rincón del planeta tiene una cocina mágica que vale la pena probar y atesorar en la memoria. La comida típica te dice cómo es la sociedad que estás visitando.

La globalización que comenzó con el fin de la guerra fría parece estar acabándose y con ella mucha de la movilidad a la que los viajeros ya se estaban acostumbrando. El resurgimiento cultural de los regionalismos puede traducirse en una nueva etapa de muros y restricciones turísticas. El miedo a las enfermedades puede ser un buen pretexto para limitar la movilidad urbana. Los nuevos nacionalismos se pueden convertir en desafíos económicos que vuelvan la industria del turismo en algo secundario.  

Y en este brote regionalista, nacionalista, multipolar, pandémico y caudillista los viajeros no se pueden detener. El que ha caminado por los Campos Elíseos, visto el cambio de guardia en el Cementerio de Arlington, comido una ¨Francesinha” o soñado con visitar el Santo Sepulcro no puede renunciar a una nueva aventura. El reto de hoy es entender que el cubreboca, la máscara de plástico, la sana distancia, lavarse las manos y comer saludable son los nuevos elementos de los viajes exitosos.       

 

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