El virus y el comercio local

Lima, Peru. El comercio local es un gran dinamizador urbano, aportando el 13% del total del empleo de Europa (2019) y vitalidad a los barrios de las ciudades.

Sin embargo, ese sector sufrió muchos ataques a partir de la segunda mitad del siglo pasado. La aparición de los centros comerciales, la proliferación de las tiendas por departamentos, grandes superficies e hipermercados, el desarrollo de cadenas y franquicias que limitaban la posibilidad de que los pequeños comerciantes fuesen competitivos y, finalmente,  el desarrollo del comercio electrónico afectaron seriamente a este sector.

En 2017-2018, por ejemplo, se cerraron en el Reino Unido un promedio de 17 pequeños comercios cada día. En 2019, el 10% de los locales comerciales de los centros urbanos británicos estaban vacantes.

Entonces llegó el virus. Se estima que el 25% de los locales comerciales locales de Madrid no vuelvan a abrir luego del COVID. En Londres se estima un impacto similar en más del 10% de los locales comerciales locales.

Sin embargo, la nueva realidad es, a la vez, una amenaza y una oportunidad para el comercio local.

Se habla que en el futuro estaremos más horas al día en nuestras viviendas y ello puede reorientar nuestras compras. Si bien parte de esas oportunidades van a ser captadas por el comercio electrónico, otras, asociadas a servicios y consumos presenciales (como las peluquerías, gimnasios, restaurantes, tiendas de alimentos, entre otros) podrán sacar ventajas de su proximidad a los hogares.

Pero para poder aprovechar esa ventaja, el comercio local deberá disponer de un entorno urbano que facilite ese intercambio. La mejora de la conectividad peatonal y para el transporte alternativo (bicicleta, patinetes, etc), la existencia de espacios públicos que motiven al vecino en un entorno de seguridad y confort y la capacidad de generar sinergias con sus vecinos son la clave para ese resurgir del comercio local.

La idea de los Business Improvement Districts que se promovió como alianza público-privada en algunos ciudades desde finales del siglo pasado para permitir que el comercio local pudiese competir con los centros comerciales, ofreciendo amenidades urbanas y generando economías de escala  o proyectos como el High Street for All de la Municipalidad de Londres para impulsar el rescate de calles comerciales locales con una mezcla de urbanismo, cultura  y gestión mixta son opciones válidas, pero requieren de organización, decisión, participación ciudadana y trabajo contra reloj.

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