La cocina de curar

Talavera de la Reina, España. Está claro que es un manzano, morro de liebre o verde doncella, eso no lo recuerdo, quizás no lo supe nunca; está plantado, viejo y señorial, a la puerta de la cocina de curar semiocultando la entrada con la exuberancia de su ramaje.

Abrí la puerta que chirrió dolorida invitándome a traspasar aquel umbral de ensueño donde aún dormitan los restos, los jirones de mi juventud perdida. Es un cuarto pequeño de paredes que un día fueron blancas ahora ennegrecidas por el humo de tantas lumbres en tiempos de matanza.

Aún penden del techo los varales nudosos donde antaño colgaban los chorizos, morcillas, androllas y medianas de tocino. Por encima de la chimenea, en la trébede de baldosines rotos, oscuros tarros de cristal que un día supieron de conservas y ahora guardan el polvo espeso del abandono, resisten el paso del tiempo, lo mismo que los viejos aperos de labranza apoyados con indolencia contra las paredes; un azadón, un rastrillo, una horca, una vieja sulfatadora y unas alpargatas de indefinible color que acompañan a unas madreñas rotas y gastadas por el uso.

Aquí en esta pequeña cocina de curar, donde duermen arracimados los recuerdos, está la esencia de la vida, una vida atada al suelo, al minifundio, a las labores del campo, al autoconsumo y a la venta de los excedentes, a una economía de subsistencia que poco a poco fuimos abandonando en aras de un progreso que imparable impulsaba nuestras velas por el proceloso mar del consumismo.

Hoy cabe preguntarse: ¿ganamos en el cambio? ¿procede dar marcha atrás y cambiar de rumbo? Recordemos la canción: “Carabelas de Colón todavía estáis a tiempo, antes que la noche os coja, virad en redondo presto”.

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1 thought on “La cocina de curar

  1. Siempre he dicho que no avanzanos, más bien vamos en franco retroceso y mejor sería virar para buscar la, esencia de la vida.
    Como siempre,lleno de realidad.

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