LA CORRUPCIÓN DE LA ANTICORRUPCIÓN

Toluca, Mexico.

La corrupción “económica” es la única que se fustiga desde el púlpito presidencial en México, aunque sea sólo en el discurso. Pero hay otra corrupción tan nefasta como aquella, que se practica desde el poder político sin control, ni condena.

“La corrupción es un mal inherente a todo gobierno que no está controlado por la opinión pública.”

(Ludwig Heinrich Elder Von Mises, economista y filósofo austriaco)

La malversación, el tráfico de influencias y las componendas con el poder económico, típicas del ejercicio del poder político en el país desde su gestación, son todos los días mencionadas y condenadas como el origen de todos los males por parte de la representación presidencial. No obstante la corrupción política persiste en la práctica cínicamente y sin escrúpulo alguno. El prestigiado sociólogo, académico e investigador universitario Dr. Roger Bartra (UNAM) denuncia esto con gran lucidez en la presentación de su nuevo libro “El regreso a la jaula” que está a punto de ser publicado, cuyo contenido adelanta en entrevista con El Financiero [i].

El Dr. Bartra especifica que la corrupción política es evidente y pone como ejemplo la sobre-representación que de forma mañosa ha obtenido el partido mayoritario en el congreso, mediante la compra de representantes a otros partidos y “el transfugismo” que los mercenarios políticos como el Partido Verde y Redes Sociales Progresistas (antes Nueva Alianza) promueven a cambio de favores, privilegios e incluso directamente por dinero, a fin de favorecer una mayoría apócrifa e incluso ilegal, toda vez que contradice los límites establecidos en la ley y no corresponde a lo ganado en las urnas.

Bajo este criterio, yo agregaría a esta corrupción política: el descarado uso de los recursos públicos para el culto a la imagen presidencial, la escandalosa violación a las normas y procedimientos de ley, el permanente hostigamiento oficial a críticos y opositores, el uso faccioso de las autoridades de fiscalización y justicia, ocupados de agredir casi exclusivamente a quienes el presidente considera sus enemigos, además de atender sus venganzas personales por añejos rencores. Pero por encima de todo esto, la corrupción política se expresa en la declarada pretensión de destruir todos los mecanismos sociales de control del poder público y otras autonomías como las normativas, electorales y, advierte el doctor, aún falta por ver cuánto tiempo la autonomía universitaria sobreviva a la debacle institucional instrumentada desde el poder ejecutivo contra todo aquello fuera del control directo de la presidencia.

En mi opinión México vive la destrucción institucional más grave de su historia, ejecutada por quien debería ser  responsable de su conservación y mejoramiento. Una destrucción apoyada por muchos mexicanos que en su ignorancia y miserable sed de revancha social, aprueban la devastación del país con tal de ver en desgracia a quienes envidiaron, pues carentes de esperanza, se asumen desposeídos históricamente y para siempre, evidenciando que ahora estamos gobernados por el rencor [ii].

Sirva todo esto de lección, para que cuando nos veamos en la oportunidad de reconstruir las ruinas de este país, no caigamos en el mismo error de dejar a muchos compatriotas al margen de la prosperidad y a merced del discurso del odio, pues la demagogia no se la tragan, ya han tenido promesas a raudales.

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