Que dolor de papeles que ha de llevar el viento, que tristeza de tinta que ha de borrar el agua

Talavera de la Reina, Toledo-España.

Toda la vida pensando en que había que cambiar esta sociedad por otra más justa, más igualitaria donde al menos no hubiese pobreza extrema y resulta que ahora que desde las estructuras del poder se da un mínimo paso para remediar el hambre de unos cuantos, nos rasgamos las vestiduras y no le tiramos piedras al gobierno por mal parecer, pero chillar, chillamos.

Creo que en alguna parte de mi vida me perdí o soñaba con otra realidad. Instalados como estamos en las ideas neoliberales del “que cada uno se las ventile y sálvese quien pueda”, es lógico que pensemos que el gobierno pretende alimentar a los “vagos” con NUESTROS IMPUESTOS, que solo son nuestros en algunas ocasiones; cuando se trata de regalarle a la banca ya no son nuestros impuestos.

Es más fácil y racional seguir el camino de la beneficencia y lavar así nuestra conciencia ¿negra? regalando de cuando en vez, un paquete de macarrones o dando una mísera limosna.  Una “paguita” oigo decir con mucha sorna, o “no es bueno vivir subvencionados” como dice todo un orondo señor obispo al que el sueldo le debe venir del séptimo cielo.

Este dinero no es una subvención, es una necesidad. Subvención es la millonada que recibe por ejemplo la iglesia católica de NUESTROS IMPUESTOS, subvención es el dinero que se destina a los toros o a las grandes extensiones de monocultivos, o a las autopistas deficitarias.

Sinceramente pienso que el ingreso mínimo vital debería ser extensivo a toda la población porque, tiempo al tiempo, un alto porcentaje de la misma se ha de ver en dificultades. Cómo hemos ido desvirtuando el significado de las palabras; SOLIDARIDAD  ¿dónde te perdimos?

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