Estados Unidos y la inclusión como discurso estructural

CDMX, Mexico.

Donal Trump presidente número 45 de los Estados Unidos de América prometía ser el presidente de la recuperación económica, el presidente de todos los “blancos” y en teoría, devolvería a EEUU al lugar que se merece en la historia, cualquier cosa que esto último signifique.

A principios de este año yo mismo creía que Trump iba a ser reelegido, entre otras cosas la economía norteamericana iba rampante que “alcanzaba” para repartir entre todos los estadounidenses. Había cumplido sus promesas: economía, “muro con México” (xenofobia en el fondo) y “guerra” comercial contra China mientras sus votantes y no votantes tenían los bolsillos “llenos”.

Pero llegó la Pandemia y todo se derrumbó, la popularidad de Trump comenzó a caer mientras que su falta de decisiones respecto a la gestión de la pandemia, convirtieron a su país, en el más contagiado del mundo y con el mayor número de defunciones.

El discurso “populista” y el origen (outsider) de Trump, al no ser parte de la clase política norteamericana fue lo que lo llevó al poder. La disrupción de Trump fue la clave para llegar, como también lo puede ser para su salida.

Si bien el discurso disruptivo es un arma poderosísima en nuestros tiempos, lo único que le faltaba al partido demócrata, rival del partido republicano de Donald Trump era ser precisamente disruptivos y poco “convencionales” para competir de tú a tú con los republicanos: Kamala Harris, la primera mujer candidata demócrata a la vicepresidencia de EEUU, “joven” (56 años) de origen asiático y afrodescendiente.

Sin duda esta candidatura con un discurso inclusivo serán armas poderosas, que le dará a las elecciones de EEUU un matiz diferente pues habrá dos figuras disruptivas o poco “convencionales” en la contienda, Harris y Trump.

Independientemente de lo que suceda e incluso de quien gane, la co-candidatura de Kamala Harris será un parteaguas como lo fue en su momento la candidatura de Obama o la de Hillary Clinton. Y en una especie de espejo entre EEUU y la sociedad global, el dilema histórico e internacional es la polarización entre los “progresistas” y los “clásicos”. ¿Quién terminará ganando el pulso?

Me parece que todos en cierta medida: siempre que los históricamente “excluidos” ganan un espacio más en la escena política, ya es una victoria para la evolución de nuestras sociedades.

Es en todo caso una disrupción histórica con una carga de inclusión estructural que abona a las transformaciones, solo espero que esta sea positiva y sume al progreso humano.

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