La logística en tiempos del COVID-19

Barcelona, España. Seguramente uno de los sectores más intensamente impactados por la llegada imprevista del COVID-19 han sido la logística de aprovisionamiento y todos sus componentes asociados. Los efectos reales aun están por determinarse, pero la combinación de una bajada generalizada del consumo de bienes durables, junto con restricciones críticas en la oferta de transporte – y, muy específicamente, en las rutas aéreas internacionales – y una fuerte presión de
demanda sobre las cadenas de suministro de material médico, han puesto al límite la capacidad de respuesta del sector y creado disrupciones inevitables.

La principal causa del impacto no es la necesidad de dar respuesta ante eventualidades no previsibles, sino la natural tendencia de los agentes del negocio logístico a optimizar costos y tiempos, y a reducir al máximo las improductividades, para que las cadenas funcionaran a la perfección.

Es así como, en los últimos 20 años, todas las cadenas productivo-logísticas tendieron a la globalización, apretando al máximo los tiempos de rotación de los buques en los puertos y de los aviones en los centros de carga aérea. La integración de las cadenas permitió reducir los inventarios al mínimo, haciendo innecesarios los almacenes de media y larga permanencia, y estabilizando la programación de las entregas de las mercancías y de los fletes, como si de personas se tratara.

Hoy nos encontramos que por un virus no esperado, no hay donde almacenar ni las cosechas que se pierden, ni el petróleo que baja de precio. Sin aviones de pasajeros, hemos perdido el 50% de la capacidad aérea de carga, y los fletes se han disparado. Debemos prepararnos para un futuro de una logística más improductiva y resilente, para mayores costos de manipulación, y para la necesidad de menos individualismos operativos y más consolidación entre productores. Ese futuro, que parecía que nunca iba a llegar, ya está aquí.

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