NO HAY PEOR CIEGO QUE EL QUE NO QUIERE VER

Talavera de la Reina, Toledo-España.

Sorprende un poco que haya quien cree ver similitudes entre estos años de crisis, fuerte recesión económica y catástrofe sanitaria y el período de entreguerras de comienzos del siglo pasado y los dorados años veinte.

Piensan que también ahora pasará la tormenta y vendrá la calma y aquí paz y después gloria: pero si tenemos que echar mano del refranero mal vamos por que está meridianamente claro que “no hay mal que cien años dure” Y “a los cien años todos calvos”.

Lo cierto es que nadie puede saber lo que nos deparará el futuro inmediato pero no estaría de más que echáramos un vistazo a las causas que llevaron de la euforia de los años veinte al batacazo que supuso el crash del 29 que llevó a la ruina a millones de trabajadores, agricultores y comerciantes y propició la diáspora demográfica más grande de la historia y también el auge del fascismo.

Y todo ¿por qué? Porque el tinglado económico y político montado sobre la especulación por la oligarquía y el sistema financiero, se vino abajo como un castillo de naipes a causa de su propia y desmedida ambición.

Tuvo que venir otra guerra para poder levantar de nuevo el andamiaje de aquellas mismas estructuras políticas y sociales que la hecatombe había dejado por los suelos.

Y la verdad es que si hubo recuperación, ésta se hizo a costa del hambre, la miseria y la vida de millones de personas. Pero volvamos al refranero por si nos sirviera de algo: “el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra”

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