Planificación Urbana “AGILE”

CDMX, Mexico.

La moda de adoptar concepciones de diversas disciplinas y adecuarlas a las ciencias que estudian lo urbano, además de propiciar la aparición de nuevos vocablos técnicos, también contribuye en la generación y desarrollo de nuevas estrategias de abordar los problemas.

En el bombardeo de la “Revolución o la Transformación Digital”, catalizada por la reciente pandemia, ha proliferado el uso e importancia de las “metodologías AGILES” en su aplicabilidad a la gestión de proyectos. En el mercado de formación profesional abunda la capacitación del tema y evidencia lo bien cotizados que se ubican los profesionales que conducen proyectos con estos métodos.

El concepto AGILE proviene de los fabricantes de software y, aunque se estima que se concibió en los años 90, todos concuerda que el hito más relevante se estableció en febrero de 2001, con la reunión de 17 directores de las principales desarrolladoras de software, en la que compartieron las mejores prácticas de cada empresa, y se acuñó el término de Métodos Agiles promulgado en el “Manifiesto AGILE”. El documento establece 4 valores fundamentales del cual se desprenden 12 principios que sirven de guía. Los 4 valores en cuestión son:

  • Valorar más a los individuos y sus interacciones que a los procesos y las herramientas.
  • Valorar más un proceso que funcione que la documentación exhaustiva.
  • Valorar más la respuesta ante el cambio (adaptación) que seguir un plan.
  • Valorar más la colaboración con el cliente que la negociación contractual.

En resumen, la metodología se centra en una mejora continua de planificar, crear, comprobar y mejorar los productos, en una constante interacción de equipos multidisciplinarios y el usuario final, según la necesidad del proyecto y con toma de decisiones a corto plazo.

Los planificadores estamos acostumbrados a pronosticar sobre la base de ciertos parámetros conocidos, sin embargo, la nueva realidad, en un mundo que cambia vertiginosamente y ante tanta incertidumbre, nos obliga a tomar decisiones y actuaciones de corto plazo que permitan adaptarse de mejor forma al mercado y la comunidad que lo demanda.

La Planificación Urbana está rezagada, con un profundo letargo en sus procesos, y requiere incorporar prontamente nuevos conceptos que la dinamicen y fortalezcan en el ámbito público y le permitan jugar su debido rol en la regulación y crecimiento sostenible de las ciudades; en caso contrario, a futuro la anarquía por la ocupación del espacio privado reducirá la convivencia de nuestros ciudadanos, delegando sólo en lo “digital” nuestras interacciones y relaciones.

Adoptemos – acorde a esta nueva onda de la digitalización– la metodología ágil en la Planificación Urbana, replicando sus principios básicos, con la participación activa de quienes consumen y producen ciudad, en un ambiente colaborativo entre todos los involucrados con profundo sentido del cambio dinámico de las condiciones, con la entrega frecuente de productos que sean probados y aprobados por la comunidad.

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